COMUNICADO DE EUSKADI TA ASKATASUNA AL PUEBLO VASCO CON MOTIVO DEL ABERRI EGUNA.
Traducción del original en euskera (publicado en GARA y EUSKALDUNON EGUNKARIA el 15 de abril de 2001) al español por la RED VASCA ROJA.
COMUNICADO DE EUSKADI TA ASKATASUNA AL PUEBLO VASCO CON MOTIVO DEL ABERRI EGUNA
Aberri Eguna es un día señalado para los ciudadanos vascos, para todos cuantos queremos ver a nuestro país libre, digno y en pie. Día señalado, pero también doloroso durante largos años, ya que el nuestro es un pueblo oprimido, insultado, menospreciado y pisoteado. Durante mucho tiempo los ciudadanos vascos hemos tenido la costumbre de mantener en silencio y avergonzados el amor hacia nuestro país. Incluso ahora, en la era moderna y tecnológica, amar a nuestro país y llevar hasta el último extremo el compromiso con él sería, al parecer, algo infamante, romántico o reaccionario.
Hay quienes se amparan en ese falso modernismo para burlarse y denigrar el amor hacia nuestro pueblo que la izquierda abertzale proclama, y hasta el más nimio compromiso. ¡Y son precisamente los que más cultivan la «grandeur» de Francia y el fanatismo irracional de la «Gran España»!
Quienes formamos parte de la organización Euskadi Ta Askatasuna no sentimos vergüenza alguna en proclamar que para nosotros todos los días son «Aberri Eguna»; sin arrogancia alguna, lo decimos con la humildad de quienes han dado el paso de poner en riesgo la propia vida basada en el compromiso. Porque tenemos el privilegio de vivir cada día y cada minuto todos los momentos agridulces de la vida como ciudadanos íntegramente vascos.
Para quienes dedicamos nuestra vida y nuestras energías a la consecución de una Euskal Herria y una sociedad justa, Aberri Eguna es una nueva oportunidad para dirigir una vez más nuestra mirada apasionada hacia nuestro pueblo y sentir aquel día emocionante en que tomamos la decisión de luchar en ETA.
Los enemigos de nuestro pueblo han destrozado a innumerables ciudadanos, bienes y vidas. Han introducido el terror hasta helar el corazón del pueblo. Y después de que en cada ocasión se proclamara el «domuit vascones», desde los últimos rescoldos siempre se ha alzado, inspirándose en el aliento de nuestra «lingua navarrorum», la sociedad que quiere ser libre, el humilde pueblo del euskara, este pueblo luchador que da ejemplo y muestra la impotencia de los soberbios, Euskal Herria.
Superando el terror, respondiendo a la emoción y honradez que cada uno de nosotros llevábamos dentro, hemos entrado a formar parte de la organización Euskadi Ta Askatasuna. En las citas clandestinas entre nosotros, en ese momento en que nadie nos veía, ante el compañero que nos ha hecho la propuesta, con la cabeza erguida y alzando el puño izquierdo hacia el cielo, tras cantar el «Eusko Gudariak» hemos gritado al pasado, al presente y al futuro: «Gora Euskal Herria Askatuta!» y «Gora Euskal Herria Sozialista!»
En nuestro corazón y nuestros ojos están los montes, comarcas, costas, páramos y pueblos y ciudades de Euskal Herria. En nuestro ánimo guardamos el recuerdo de los compañeros de lucha que se nos han muerto en el camino con las armas en la mano, de los luchadores honrados que se nos han ido en el silencio de su compromiso, sin que nadie lo supiera, de los que destrozados por la rueda de molino de la vida y del cansancio han dado la espalda a nuestro pueblo. Porque somos gracias a todos los que han sido. Y porque nosotros estamos aquí sabemos que habrá quien prosiga nuestra tarea.
En cualquier lugar en que estemos Euskal Herria está en nosotros. Euskal Herria, este pueblo sin prisas, que hemos traído hasta hoy, a través de los siglos y los milenios, vivo y con profundas ganas de vivir. El nuestro es un pueblo que tiene al tiempo de su parte, porque en su interior lleva al tiempo.
Los compañeros de lucha en el rincón de nuestra celda somos golpeados y humillados. Los que nos vemos desterrados a miles y miles de kilómetros de Euskal Herria somos como plantas sin agua. Los que por nuestra cuenta hemos aceptado el silencio estamos a la espera del momento de reanudar la lucha. Otros compañeros, con las armas en la mano, estamos enviando un mensaje claro a los que oprimen a nuestro pueblo: Que lo dejen en paz vivir y construir su futuro, porque no nos rendiremos nunca. Encarcelados, en el destierro, a la espera o en la lucha... nosotros somos ya ciudadanos vascos libres, precursores eficaces de un pueblo que más pronto o más tarde será libre.
La devastación de Euskal Herria causada por siglos de dominación ha sido grande. De generación en generación, nuestra sociedad, cultura, costumbres y modos de vida han sido objeto de una destrucción planificada.
El enemigo llegó a hacer desaparecer hasta el último rastro de nuestra libertad, a hacer desaparecer el euskara de la vida pública, y los últimos vestigios de la identidad vasca estuvieron a punto de borrarse. Tenían el propósito de no dejar en los territorios de Euskal Herria más que el recuerdo de unos habitantes que no fueran españoles o franceses.
Gracias al proceso de resurgimiento emprendido en la década de los 60, logramos recuperar algunos instrumentos para que nuestro pueblo pudiera seguir con vida. Entre ellos, el más sobresaliente fue la dignidad y el deseo de ser un pueblo. La izquierda abertzale, esto es, el sector social que desde un profundo abertzalismo asumió el compromiso en favor de una sociedad más justa, ha logrado con energía, voluntad y generosidad que, entre dos Estados poderosos, en el corazón de la Europa moderna y desarrollada, se levanten poco a poco los cimientos del que volverá de nuevo a ser un pueblo. Ahí estamos.
Sumergidos como estamos en la lucha de nuestro pueblo y sobre todo desde el cambio de ambiente que se vivió en los primeros meses tras la iniciativa que la Organización impulsó en setiembre de 1998, muchos ciudadanos ven el cielo cubrirse de nubarrones. Sin embargo, debemos analizar el camino recorrido desde una perspectiva más amplia y hay muchos datos y motivos para el optimismo, ya que en estos últimos años, con el desarrollo de la Alternativa Democrática, la izquierda abertzale ha puesto en marcha una alternativa concreta y viable.
Aquí estamos. No sólo como un pueblo resucitado cuando se encontraba próximo a la muerte, sino con un proyecto que contribuirá con su amplio aliento a un progreso sustancial de la sociedad.
Un día, el nieto de un gudari que como consecuencia de la guerra del 36 se había visto obligado a emprender el camino del exilio, que había perdido el euskara y que había adoptado la nacionalidad del país que le acogió, le planteó esta pregunta a un compañero de ETA: «Dime cómo es posible que habiendo dado mis abuelos su vida por su pueblo y siendo yo su descendiente no tenga ningún tipo de derecho político en nuestro pueblo, que no pueda votar, y que por el contrario los enemigos de nuestro pueblo o simplemente los extranjeros que obligados por la necesidad de buscar empleo llegaron allí tengan la capacidad de decidir quién puede mandar en nuestro pueblo».
El compañero le respondió: «Tu situación es injusta, claro, pero no creas que no nos encontramos todos los ciudadanos vascos como tú. Al fin y al cabo porque no tenemos la posibilidad de decidir con libertad; sólo como españoles o franceses podemos decidir quién mandará en las instituciones impuestas a nuestro pueblo. En Euskal Herria conseguiremos todos los derechos que nos corresponden al mismo tiempo que tú. Entretanto, lo que hay que hacer es luchar y trabajar; lucha y trabajo, y también disfrute, para vivir como ciudadanos vascos».
La izquierda abertzale tiene actualmente la llave de Euskal Herria en sus manos. Pero esa llave no es para colgarla como adorno en una pared. Es una llave forjada en el horno de las herramientas, moldeada con los mazazos del enemigo, que quizá nos dé miedo agarrar por si nos quemamos las manos. Por eso debemos ser audaces, cogerla sin miedo y emplearla hasta conseguir abrir con ella el cerrojo que cierra la puerta de la libertad, lo que implica que hay que sostenerla con firmeza aunque queme o ennegrezca las manos.
En Euskal Herria, Aberri Eguna, abril de 2001
Euskadi Ta Askatasuna E.T.A.
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